viernes, 8 de agosto de 2008

"MI CONFRONTACION CON LA DOCENCIA"

Hablar de ella me causa hasta hoy en día mucha satisfacción, alegría e identidad. La descubrí desde años muy tempranos de mi existencia, se llama mi “profesión de origen”, la cual me permitiría nombrarla como mi vocación, la ejerzo no sólo en la docencia, sino en la práctica misma de la carrera como tal, es la Contaduría Pública. Creo es una carrera cuyas virtudes son la exactitud, actitud responsable y ética, la iniciativa, aptitud para trabajo en equipo, capacidad de análisis y observación.
“La causa moral de la prosperidad reside en el amor por el trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia el problema de la pobreza al margen de esta virtud.”
Después de algún tiempo de reflexión en el pensamiento anterior y por intereses también personales me propuse a formarme en las filas de los educadores. Cuando digo que por intereses personales es por que, las condiciones económicas que uno vive nos exigen a trabajar no solo en un trabajo sino recurrir a otros; la otra inquietud y también predominante es el interés de poder participar en la educación de nuestros jóvenes, que hoy más que nunca, exige una responsabilidad social compartida. Es muy importante que todos: padres, escuela, iglesia, sociedad, también los medios de comunicación, ayudemos para que los jóvenes puedan dar forma a su proyecto de vida, conozcan los límites y los interioricen y puedan contar con una adecuada educación en valores.
Hace 4 años por la relación de mis actividades que desempeñaba con la docencia se me presentó la oportunidad de poder trabajar directamente frente a grupo con algunas horas que tienen mucha relación como mi profesión, circunstancia que no dejé pasar y hoy estoy con ustedes compartiendo estas experiencias y aprendizajes.
Mi pensamiento a ser profesora es muy profundo, ya que ante todo es de mucha responsabilidad, porque no solo participamos en el proceso del aprendizaje, con el lenguaje ya sea hablado, escrito, visual, cuando impartimos o compartimos nuestras clases con los alumnos, sino sobre todo con el testimonio, con la coherencia del decir y el actuar, con la veracidad en lo que expresamos, con la comprensión y aun con la actualización constante porque el medio lo exige. Todo esto es también para mí sentir mi profesión como docente.
Mi comentario a cerca de lo que para mí ha significado ser docente en educación media superior, radica en gran parte en la necesidad de educar en “valores”, porque yo pienso que la existencia del ser humano tiene sentido si éste posee “valores”, posee ese “algo” al que vale la pena dedicar la vida. También el propósito de enseñar a mis alumnos a resolver conflictos, problemas, enfrentar la vida y saber sobrevivir en ella con dignidad. A veces quisiéramos tener alumnos sin conflictos o, al menos, con conflictos que no exteriorizaran en las aulas. Pero la sociedad es conflictiva y es iluso pretender quedarnos fuera de los conflictos. Una de las cosas que tenemos que enseñar a nuestros alumnos es enfrentarse con una vida conflictiva con ellos mismos, con sus vecinos, con sus familias, con sus hijos y con el mundo en general. Creo que antes la educación era un poco mas sencilla, sobre todo en los dos aspectos que yo aquí comento, ya que vivíamos en una sociedad más cohesionada y autoritaria. Pero nuestro trabajo no consiste en enseñar a un alumno ideal, sino al alumno que nos llega, que ahora es más complicado. Ahora los profesores hemos de admitir que tenemos que aprender a ayudar a nuestros alumnos a vivir con valores, a resolver conflictos y a tratar con situaciones afectivas y sociales complicadas. Las personas que han tenido talento pedagógico lo han sabido ser siempre. Lo que ocurre es que nos olvidamos de ellos porque hemos tecnificado nuestra profesión docente.
Los motivos de satisfacción que yo tengo tanto en mi desempeño como docente, como el trato directo y constante con mis alumnos y con sus padres de familia, han sido muchos: ver que logran concluir su educación media superior, quizá con muchos esfuerzos no solo académicos, sino también económicos o con otro tipo de problemas, pero el percatarme de esa chispa de felicidad que irradia en sus ojos cuando llega ese momento son grandes motivos de satisfacción; el tener alumnos que son muy rescatables por que facilita no solo la educación que traen desde su hogar sino el interés personal que le ponen a este proceso educativo; la oportunidad que como docentes tenemos a la capacitación y actualización por diferentes medios, ya sea en el trabajo o de manera independiente.
Si muy cierto que esta profesión deja en mí muchos momentos de satisfacción no solo personales, sino también familiares, es bueno reconocer que en el andar cotidiano de la enseñanza, lo educativo o formativo se encuentra uno con muchos motivos de insatisfacción, como son: la falta de interés de la mayoría de los alumnos, la falta de apoyo por los mismo padres de familia o bien la crítica desmedida aún de los mismos compañeros de trabajo a las actividades que se realizan. La carencia de conocimiento y vocabulario de los alumnos por la falta de lectura. El ímpetu destructivo que manifiestan a las instalaciones y equipos de los mismos centros educativos.
En ocasiones hay motivos también de insatisfacción cuando el sueldo no es equitativo a las horas de trabajo no solo en el centro educativo, sino también las actividades que uno tiene que realizar en el hogar como son planeaciones, evaluaciones, preparación de materiales, porque en las horas de trabajo no hay tiempo y tiene uno que dedicar los espacios que corresponden a la familia.

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